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martes, 4 de diciembre de 2012

En mitad de la nada, donde antes eran campos y olivares, centro geográfico y atalaya en tiempos de la memoria no hallada.
Emerge, entre pinares, una esbelta figura que me recuerda lo perdido, aquello que nunca será y lo que es aunque no se quiera.
Su visualización me calma, un consuelo vía llama encendida que, en días de lluvia, me guía y que, entre tantas tinieblas, ilumina mi corazón y me hace sonreír.
Cuando hace sol , me regala fuerza y el día comienza con sí fuera el primero del resto de mi vida o el único posible en esta andadura de presentes.
Gracias por estar y ser el faro que me envía a los espacios del echarse de menos, esa nostalgia que atenaza al principio pero luego libera. SYAM.
PD. Dedicado a quién hoy buscó ese abrigo de tranquilidad

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