Vistas de página en total

martes, 29 de enero de 2013


El día que anunciaron a bombo y platillo el alto riesgo de nevada pensé: que buena noticia, cuando despierte , el paisaje hará juego con el estado de mi corazón helado y no tendré que ponerme la careta 33 para disimular  ese frío constante que me invade y no consigo apartar de mi.
Al final, la tan ansiada nieve no hizo acto de presencia, fue un espejismo, la esperanza a la que nos aferramos cuando, las desgracias que nos acechan, permanecen en nosotros y no podemos cambiar. Aún así,  mereció la pena soñar con el blanco purificador que todo lo cubre y esconde aquello que no debe verse, sólo adivinarse.
El cerro lució aquella mañana esplendoroso y cautivador, destiné mis mejores pensamientos, los más audaces, esos que afloran cuando uno ama, a una persona que me revoluciona y una amplia sonrisa se posó en mi rostro, por fin un día lleno de expectativas y besos.
Finalmente, lo reconozco, fui feliz durante ese instante, esa inusitada ilusión se quebró al momento, justo en esa décima de segundo de tristeza,  de nuevo, deseé con ardor que la nieve ocupara todo para no seguir sintiendo vacío.

No hay comentarios:

Publicar un comentario